Ni muertas ni heroínas, nos queremos vivas y libres

Hace unos días publicamos una entrada donde Mujeres 24H explicaba en La Giganta digital los objetivos de la convocatoria de movilizaciones y concentraciones para hoy, 15 de enero, como aviso a los partidos políticos que han negociado y pactado un acuerdo de Gobierno con unos programas que suponen una involución incuestionable en los derechos de las mujeres.

A continuación reproducimos el Manifiesto 15E por la Movilización Feminista de Andalucía, al que estamos adheridas, donde se deja claro que nuestros derechos no se negocian y que no podemos permitir ni un paso atrás en igualdad ni diversidad.

 

El movimiento feminista y las mujeres de Andalucía, desde nuestras diversidades, convocamos a la sociedad de nuestra tierra, de todo el Estado, a que nos acompañe en las acciones de este martes 15 de enero para denunciar este sistema patriarcal, capitalista y racista que día a día nos agrede, nos viola y nos asesina. Para denunciar la justicia patriarcal que solo nos cree cuando somos asesinadas. Para reivindicar que seguimos siendo nosotras las que sostenemos la vida echándonos a nuestras espaldas el peso de los cuidados y las que realizamos los trabajos más precarizados.

Hoy nos movilizamos con motivo del debate de investidura que materializará el vergonzoso pacto de gobierno en Andalucía en el que se está negociando con nuestros derechos, usándolos como moneda de cambio y negando la incuestionable realidad de la violencia machista y racista.

La vigente ley de violencia de género es claramente insuficiente y así lo venimos denunciando. Hay mucho aún por mejorar. Pero no pueden, por mucho que mientan, negar la existencia de esta violencia patriarcal que nos asesina a las mujeres por el mero hecho de ser mujeres. Esta violencia es la prueba más brutal de las múltiples desigualdades a las que estamos sometidas las mujeres.

La Organización Mundial de la Salud estima que un 30 % de las mujeres que han tenido una relación de pareja ha sufrido alguna forma de violencia, y un 38 % de los asesinatos de mujeres en todo el mundo son cometidos por su pareja masculina. Cada 5 horas una mujer es violada en nuestro país. Mientras dichos violadores andan sueltos, la justicia patriarcal sigue culpabilizando a las mujeres, dejando sueltas a las “manadas” machistas. Pero las mujeres no vamos a permitir que se dé ni un paso atrás. Ningún pacto de gobierno puede suponer eliminar los derechos que juntas y con tanto esfuerzo hemos conquistado.

Siguiendo las bases sentadas en el 8M, nuestra lucha seguirá siendo por un feminismo inclusivo, interseccional, antirracista, antifascista y anticapitalista. Porque somos conscientes de nuestras opresiones, no vamos a permitir ninguna otra.

Ni muertas ni heroínas, nos queremos vivas y libres, fundamentalmente sin miedo a movernos libremente por nuestras ciudades o pueblos, por nuestras costas o montes, de noche o de día, asistiendo a ferias, haciendo deporte, trabajando en fábricas, en campos, en despachos, cocinando, sirviendo copas, o haciendo encajes de bolillos, en bibliotecas o en discotecas...

Somos muchas, somos payas, gitanas, migrantes, racializadas, con diversidad funcional, lesbianas, trans... Somos diversas y no vamos a permitir que se nos someta a ningún tipo de discriminación, explotación o criminalización. Defenderemos unidas, en sororidad, nuestros barrios y ciudades, diversas frente al discurso neofascista del miedo, discurso machista, racista y clasista que nuevamente encontramos en auge. Desde la frontera sur nos damos las manos entre hermanas, autóctonas, migradas, refugiadas, gritando en común que ningún ser humano es ilegal.

Que quede claro: en Andalucía y en todo el territorio nos van a tener enfrente, organizadas. No permitiremos ni un paso atrás en los derechos y libertades de todas las mujeres, vengan de donde vengan. Hoy empieza estratégicamente en Andalucía, pero en unos meses esta amenaza de involución se puede hacer realidad en todo el país, y unidas nos encontrarán.

Colectivos de mujeres y feministas de Andalucía.

Una semana sin dueños ni dueñas

En la antigua Grecia dominaba una mitología politeística donde multitud de dioses y diosas antropomorfizados daban sentido a la vida cotidiana de sus creyentes. El monoteísmo se extendió con el cristianismo que, no obstante, comenzó a diversificar su fe hacia multitud de tallas con distintas nomenclaturas e iconografías volviendo, de una manera muy idiosincrática, a un politeísmo soterrado que en este caso también venera nombres de mujer.

Es difícil hablar de lo que no se ha disfrutado o no se siente (tan respetable como el fervor y el sentimiento más pasional por estos días) pero, en justa discrepancia de pareceres, mas con la intención respetuosa de fomentar una convivencia pacífica, voy a tirar de memoria para compartir una anécdota que nos contaba al alumnado un profesor de derecho romano hace muchos años. Comenzaba la primavera y con ella su equinocio que promete y trae más luz a los días; y, en ese contexto, nos explicaba que el mundo actual europeo se sostiene gracias a la cultura griega y, más cercana quizá, la romana que ha trascendido hasta nuestros días.

Una cosa llevó a la otra y, concatenando historias, nos relató que los eventos de primavera cristianos, como la Semana Santa, eran una revisión y reminiscencia de las antiguas fiestas paganas que en esas primeras civilizaciones giraban alrededor de la agricultura y del comienzo de la época de siembra.

Este profesor tenía una voz potentísima que, unida a una peculiar manera de hablar creaba un ambiente de expectación y silencio. Recuerdo que sonreía paladeando esas caras de asombro y ganas de saber más (si es que éramos muy jóvenes...). Tras la explicación, digamos antropológica, pasó a contarnos que más allá de la religiosidad o la apropiación de fiestas paganas esta semana era una oda a la belleza (la imaginería barroca es exquisita) y al fervor popular. En ese momento, tras otra gran pausa, nos contó que en cierta ocasión estaba en La Campana esperando para disfrutar de uno de los grandes pasos de Sevilla y él observaba (severamente) a unos chavales de indumentaria punki sentados que hablaban y reían. Cuando se acercó el paso, relataba, callaron y se levantaron respetuosamente. Más allá de las apariencias, concluyó, "esos chicos me dieron una gran una lección: respetad siempre al prójimo, a lo diferente, y os sorprenderán”.

Me gusta esa moraleja que mi culto profesor compartió. Pero, más allá de esa anécdota, y teniendo como base siempre la igualdad, se me viene a la mente algunas cuestiones interesantes para las que no tengo respuesta. No puedo explicar la falta de hermanas mayores o altas representantes en un ámbito cofrade que desconozco. Tampoco puedo analizar los motivos de la relativamente reciente incorporación de la mujer como nazarena en muchas hermandades… Pienso que, como en todos los ámbitos, la mujer deberá romper esos infinitos techos de cristal que parece que nunca terminan. Pero más allá de esas reivindicaciones, y otras muchas que con seguridad se me escapan, me quedo con la belleza y el respeto que siento por estos días. Belleza de lo sencillamente bello, hermoso, patrimonio imaginero y religioso de los pueblos, ciudades y de la humanidad; respeto al sentir y al no sentir. Respeto al prójimo, a lo diferente, a la diversidad, al que no opina igual ni siente igual ni cree igual… Esta semana, más allá de la importancia religiosa o patrimonial, no tiene dueños ni dueñas. No es de nadie y pertenece a todxs.

fatima@lagigantadigital.es

Sobre pasiones y retaguardias

Cuesta mucho enfocar desde el feminismo un fenómeno como el de la Semana Santa sevillana. Fenómeno, porque mal que les pese a algunos que quisieran reducirlo a sus miras e intereses, es complejo, contradictorio, se sale del corsé interpretativo religioso e inunda las calles, año tras año. En este fenómeno hay para todos los gustos, como puede verse y leerse en estos días en medios de comunicación y redes sociales. Pero lo que no encuentro por ningún lado es una reivindicación del papel de las mujeres en esta Semana de Pasión (y de sus preparativos durante todo el año).

Se reivindica en estos días el carácter popular y callejero de la Semana Santa. Los recuerdos que se te quedan grabados en la infancia y vuelve a evocarse una y otra vez. Su carácter pagano, de ‘excusa’ y de exaltación de la primavera. Sus raíces históricas populares silenciadas. Se critica, por otro lado, la militarización, el patrioterismo reaccionario, la apropiación eclesiástica, el clasismo. Pero ¿dónde están, estamos, las mujeres en esos discursos? En la retaguardia, como (casi) siempre.

Toda esta escenificación social, entre otras muchas cosas, que es la Semana Santa en Sevilla, y que tiene mucho de teatral, reduce a las mujeres a papeles secundarios pero imprescindibles para que todo salga conforme al plan trazado. Hay algunas de ellas, muy pocas, en puestos visibles durante las procesiones. Hay hermandades que presumen de seguir cortándoles el paso para participar como sus compañeros varones. Hay excepciones, sobre todo en las hermandades de los barrios, pero en la casa hermandad, como en la iglesia, las mujeres no asumen un rol protagonista. Como no soy capillita, no es mi revolución, pero ahí lo dejo.

Donde sí se ven las mujeres es en las calles, por supuesto. Engalanadas, siguiendo todavía la costumbre de estrenar en Domingo de Ramos, respirando la primavera, sintiéndose partícipes de un sentimiento colectivo, usando las procesiones como excusa. Esa es la Semana Santa que yo conozco y a la que he vuelto la espalda durante muchos años, quizá cayendo en el tópico intelectual izquierdoide que simplifica y desprecia lo que no conoce. Con el tiempo he ido aprendiendo que si perdura es porque cumple una función social. Y no solo para las clases pudientes ni para la iglesia.

Así que reivindiquemos ese carácter popular, inevitable, que quieren invisible. Pero reivindiquemos además el papel de las mujeres en él y no solo como maniquís con mantilla, ni como vírgenes dolorosas. Reivindiquemos también nuestras raíces negras (en doble sentido, de color de piel y de ideología). Saquemos a Queipo de la basílica de la Macarena. Y al coño insumiso cuando nos de la real gana.

juana@lagigantadigital.es

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